domingo, 12 de febrero de 2012
Es increible como la gente cree que le conoce cuando en realidad conocen al disfraz de la niña de los ojos castaños. Esa niña que va siempre con una gran sonrisa de oreja a oreja y que se pone a cantar y a bailar sus canciones favoritas por la calle sin importarle lo que la gente diga o piense de ella. Bueno, en realidad ella es así o mejor dicho, ella era así. ¿No dicen que las personas cambian porque sufrieron demasiado o, en su caso, sufren demasiado? Pues eso le pasa a ella, pero su orgullo impide que vaya con las ojeras y los ojos rojos por la mañana y con las mejillas secas producido por las lágrimas de la noche anterior, por lo tanto, jura que siempre esconderá eso, aunque para ello implique fingir. Nunca le gustó dar lástima y esta vez no va a ser ninguna excepción, pero el pecho ya está lleno de tanta presión de falsedad procudida por tantos momentos de querer gritar de ansiedad y de agobio por toda la mierda creada.
Es gracioso como notas que estás punto de caer en un mar de lágrimas y que absolutamente nadie lo note. Vale, no, pero le encanta usar el sarcasmo.
Estar en ese momento de la conversación con alguien y quererle gritar "¡deja de hablar del tema!", pero luego se da cuenta de que solo haría que sus lágrimas aumentaran.
Su orgullo es poderoso; tanto, que nunca diría las palabras claves que necesita oir. Ese gesto tan pequeño pero que lo necesita tanto como el aire que respira. Esa pequeña frase que le haría sonreir.
Es gracioso como notas que estás punto de caer en un mar de lágrimas y que absolutamente nadie lo note. Vale, no, pero le encanta usar el sarcasmo.
Estar en ese momento de la conversación con alguien y quererle gritar "¡deja de hablar del tema!", pero luego se da cuenta de que solo haría que sus lágrimas aumentaran.
Su orgullo es poderoso; tanto, que nunca diría las palabras claves que necesita oir. Ese gesto tan pequeño pero que lo necesita tanto como el aire que respira. Esa pequeña frase que le haría sonreir.
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